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  1. Con 78 años y poseedor de una pluma prodigiosa, Mario Vargas Llosa recuerda con gracia el día que lo confundieron con García Márquez. El Nobel peruano, quien no suele hablar de su relación con su similar de Colombia, contó una divertida anécdota con un admirador del autor de Cien años de soledad

    Vargas Llosa se encontraba en un vuelo con destino a las Islas Canarias cuando una azafata se acercó. La señorita vino a comentarle que un pasajero le había pedido insistentemente que le permita acercarse a él para saludarlo. El escritor accedió.

    Entonces se apareció un señor que estaba verdaderamente emocionado. Al hombre le temblaba la voz: Usted no sabe cuánto lo admiro. A mí me ha cambiado la vida leerlo, confesó. El literato conmovido con esas manifestaciones no se imaginaba lo que venía después. Sobre todo Cien años de soledad, que la he releído tantas veces, sentenció el admirador.

    El autor no se atrevió a decirle que estaba equivocado. Me pareció que lo iba a desencantar y no le dije nada, confiesa. De tal manera que le dio la mano y el señor se fue creyendo que le dio la mano a su autor favorito (Gabo). Creo que es la única vez en mi vida que he mentido sobre mi identidad, revela el novelista entre risas dejando atrás aquella vez que golpeó en el rostro al escritor con el que lo confundieron.



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