Julio Ramón Ribeyro es uno de los escritores más entrañables del Perú. Caminar por los barrios y calles en las que vivió, ver las casas, las tiendas y pasar por los lugares en los que se inspiró y usó como fuente creativa para su exquisita obra literaria, es lo que buscamos.
Ribeyro, quien desde los 6 años de edad, vivió parte importante de su vida en Miraflores, es claro ejemplo de que la cotidianidad y el mundo real pueden dar como resultado a lo extraordinario de sus escritos.
A pesar de que no deja de ser ficcional, se vale de espacios comunes e importantes en su infancia y adolescencia vivida enteramente en Miraflores para plasmar pasajes habituales en sus historias.
Es este distrito el que marcó su obra al ambientar muchos de sus cuentos en los malecones, en barrios como Santa Cruz y mencionar además locales y colegios en parte de sus cuentos. Es por ello, que lo que presentamos es una invitación a disfrutar de sus magistrales prosas y a recorrer con nosotros calles que lo inspiraron. Esta es la escenografía de la que se sirvió como materia prima para crear otro mundo en extraordinarias historias de ficción y relatos.
Ribeyro, quien desde los 6 años de edad, vivió parte importante de su vida en Miraflores, es claro ejemplo de que la cotidianidad y el mundo real pueden dar como resultado a lo extraordinario de sus escritos.
A pesar de que no deja de ser ficcional, se vale de espacios comunes e importantes en su infancia y adolescencia vivida enteramente en Miraflores para plasmar pasajes habituales en sus historias.
Es este distrito el que marcó su obra al ambientar muchos de sus cuentos en los malecones, en barrios como Santa Cruz y mencionar además locales y colegios en parte de sus cuentos. Es por ello, que lo que presentamos es una invitación a disfrutar de sus magistrales prosas y a recorrer con nosotros calles que lo inspiraron. Esta es la escenografía de la que se sirvió como materia prima para crear otro mundo en extraordinarias historias de ficción y relatos.
Este post pretende ser un modesto homenaje a la obra de este hombre tímido, como lo llamase Fernando Ampuero, su gran amigo.
Huaca
Juliana
(Los eucaliptos)
Café Haití
La
Reparación
"María y sus amigas salían de La
Reparación a las cinco de la tarde, tomaban la avenida Pardo y formando y
alegre bullicioso ramillete de colegiales caminaban a la sombre de los ficus
hacia los acantilados y se iban dispersando por las calles laterales hasta que
no quedaba María rumbo a su casa cerca del Malecón." (Los otros)
Bodega Cam (Pulpería del chino Manuel)
"Desdeñados, despechados, nos reuníamos
después de los juegos en una esquina, donde fumábamos nuestros primeros
cigarrillos, nos acariciábamos con arrogancia el bozo incipiente y comentábamos
lo irremediable. A veces entrábamos en la pulpería del chino Manuel y nos
tomábamos una cerveza. Roberto nos seguía como una sombra, desde el umbral nos
escrutaba con su mirada, sin perder nada de nuestro parloteo, le decíamos a
veces hola zambo, tómate un trago y él siempre no, gracias, será para otra
ocasión, pero a pesar de estar lejos y de sonreír sabíamos que compartía a su
manera nuestro abandono." (Alienación)
Plaza
Bolognesi
"Todo empezó la tarde en que un
grupo de blanquiñosos jugábamos con una pelota en la plaza Bolognesi. Era la
época de las vacaciones escolares y los muchachos que vivíamos en los chalets
vecinos, hombres y mujeres, nos reuníamos allí para hacer algo con esas
interminables tardes de verano. Roberto iba también a la plaza, a pesar de
estudiar en un colegio fiscal y de no vivir en chalet sino en el último
callejón que quedaba en el barrio. Iba a ver jugar a las muchachas y a ser
saludado por algún blanquito que lo había visto crecer en esas calles y sabía
que era hijo de la lavandera." (Alienación)
Diagonal con Schell (El Cooper)
"Estaban sentados en una banca del parque de
Miraflores, en el atardecer veraniego, viendo desfilar los automóviles, pasar
los peatones, anidar en los ficus las tórtolas tardías. Apenas a una cuadra el
colegio donde habían estudiado juntos hacía tantos años. Y en la esquina un
hombre de pelo entrecano, pero de edad indecisa, dando vueltas en redondo, con
un grueso paquete de libros bajo el brazo.
- ¡Pobre Cooper! –dijo
Alfredo.Todavía sigue allí. ¿Desde cuándo? Quizás desde la creación del mundo.
Yo al menos nunca he pasado por acá sin verlo hablando solo, siempre en ese
lugar, con sus libros bajo el brazo. Dicen, no sé si será verdad, que
justamente en esa esquina un auto atropelló a su novia y la mató, hace de eso
una punta de años. Desde entonces todos los días regresa a ese lugar y habla,
habla con su novia." (Conversación en el
parque)
Club Terrazas
Malecón
"Llego al malecón desierto al cabo de mi largo paseo, agobiado aún por el aleteo
de invisibles presencias y reconozco en el poniente los mismos tonos naranja,
rosa, malva que vi en mi infancia y escucho venir del fondo de los barrancos el
mismo viejo fragor del mar reventando sobre el canto rodado. Me pregunto por un
momento en qué tiempo vivo, si en esta tarde veraniega de mil novecientos
ochenta o si cuarenta años atrás, cuando por esa vereda caminaban Martha, Paco,
María, Ramiro. Presente y pasado parecen fundirse en mí, al punto que miro a mi
alrededor turbado, como si de pronto fuesen a surgir de la sombra la sombra de
los otros. Pero es solo una ilusión Los otros ya no están. Los otros se fueron
definitivamente de aquí y de la memoria de todos salvo quizás de mi memoria y
de las páginas de este relato, donde emprenderán tal vez una nueva vida, pero
tan precaria como la primera, pues los libros y lo que ellos contienen, se irán
también de aquí, como los otros." (Los
otros)Parque Salazar
"Nuevamente en el patrullero,
Alfredo permaneció silencioso. Pensaba en la inclemente iluminación del parque
Salazar; especie de vitrina de la belleza vecinal. La negra buscó su mano, pero
esta vez Alfredo la estrechó con convicción." (De color modesto)
Quinta Leuro (Av. 28 de julio)
"Cuando Memo García se mudó la quinta era
nueva, sus muros estaban impecablemente pintados de rosa, las enredaderas eran
pequeñas matas que buscaban ávidamente el espacio y las palmeras de la entrada
sobrepasaban con las justas la talla de un hombre corpulento. Años más tarde el
césped se amarilleó, las palmeras, al crecer, dominaron la avenida con su
penacho de hojas polvorientas y manadas de gatos salvajes hicieron su
madriguera entre la madreselva, las campanillas y la lluvia de oro. Memo,
entonces había ya perdido su abundante cabello oscuro, parte de sus dientes, su
andar se hizo más lento y moroso, sus hábitos de solterón más reiterativos y
prácticamente rituales. Las paredes del edificio se descascararon y las rejas
de madera de las casas exteriores se pudrieron y despintaron. La quinta
envejeció junto con Memo, presenció nacimientos, bodas y entierros, y entró en
una época de decadencia que, por ello mismo, la había impregnado de cierta
majestad." (Tristes querellas de la vieja
quinta)


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