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  1. Miraflores en la obra de Ribeyro

    jueves, 26 de junio de 2014

    Julio Ramón Ribeyro es uno de los escritores más entrañables del Perú. Caminar por los barrios y calles en las que vivió, ver las casas, las tiendas y pasar por los lugares en los que se inspiró y usó como fuente creativa para su exquisita obra literaria, es lo que buscamos.

    Ribeyro, quien desde los 6 años de edad, vivió parte importante de su vida en Miraflores, es claro ejemplo de que la cotidianidad y el mundo real pueden dar como resultado a lo extraordinario de sus escritos.

    A pesar de que no deja de ser ficcional, se vale de espacios comunes e importantes en su infancia y adolescencia vivida enteramente en Miraflores para plasmar pasajes habituales en sus historias.

    Es este distrito el que marcó su obra al ambientar muchos de sus cuentos en los malecones, en barrios como Santa Cruz y mencionar además locales y colegios en parte de sus cuentos. Es por ello, que lo que presentamos es una invitación a disfrutar de sus magistrales prosas y a recorrer con nosotros calles que lo inspiraron. Esta es la escenografía de la que se sirvió como materia prima para crear otro mundo en extraordinarias historias de ficción y relatos.
    Este post pretende ser un modesto homenaje a la obra de este hombre tímido, como lo llamase Fernando Ampuero, su gran amigo.
     
    Huaca Juliana
    "Más tarde, cuando conocimos la huaca Juliana, nos olvidamos del mar. La huaca estaba para nosotros cargada de misterio. Era una ciudad muerta, una ciudad para los muertos. Nunca nos atrevimos a esperar en ella el atardecer. Bajo la luz del sol era acogedora y nosotros conocíamos sus terraplenes y el sabor de su tierra, donde se encontraban pedazos de alfarería. A la hora del crepúsculo, sin embargo, cobraba un aspecto triste, parecía enfermarse y nosotros huíamos, despavoridos, por sus faldas."
    (Los eucaliptos)

    Café Haití
    "Ese hombre gordo y medio calvo que toma una cerveza en la terraza del café Haití mientras lee un periódico y se hace lustrar los zapatos fue el invencible atleta de la clase que nos dejó siempre botados en la carrera de cien metros planos y esa señora ajada y tristona que sale de una tienda cargada de paquetes la guapa del colegio a quien todos nos declaramos alguna vez en vano. Ahora, que como otras veces, paseo por Miraflores luego de tantos años de ausencia, veo y reconozco a ambos, como a otros tantos amigos de escuela o de barrio y me siento afligido pues nada queda de sus galas y ornamentos de juventud, sino los escombros de su antiguo esplendor. Pero en fin, me digo, envejecidos o achacosos, ellos siguen habitando el espacio de su infancia y marcándolo con sus pisadas, sus victorias, sus penas y sus sueños. Pero los otros, me pregunto. ¿Dónde están los otros? ¿Dónde están los que se fueron tan temprano y ya no pueden, aunque fuesen minados por la vida, y ya no pueden seguir hollando los caminos de su niñez y respirando el aire de su balneario?" (Los otros)
      
    La Reparación
    "María y sus amigas salían de La Reparación a las cinco de la tarde, tomaban la avenida Pardo y formando y alegre bullicioso ramillete de colegiales caminaban a la sombre de los ficus hacia los acantilados y se iban dispersando por las calles laterales hasta que no quedaba María rumbo a su casa cerca del Malecón.(Los otros)



    Bodega Cam (Pulpería del chino Manuel)
    "Desdeñados, despechados, nos reuníamos después de los juegos en una esquina, donde fumábamos nuestros primeros cigarrillos, nos acariciábamos con arrogancia el bozo incipiente y comentábamos lo irremediable. A veces entrábamos en la pulpería del chino Manuel y nos tomábamos una cerveza. Roberto nos seguía como una sombra, desde el umbral nos escrutaba con su mirada, sin perder nada de nuestro parloteo, le decíamos a veces hola zambo, tómate un trago y él siempre no, gracias, será para otra ocasión, pero a pesar de estar lejos y de sonreír sabíamos que compartía a su manera nuestro abandono."  (Alienación)

    Plaza Bolognesi
    "Todo empezó la tarde en que un grupo de blanquiñosos jugábamos con una pelota en la plaza Bolognesi. Era la época de las vacaciones escolares y los muchachos que vivíamos en los chalets vecinos, hombres y mujeres, nos reuníamos allí para hacer algo con esas interminables tardes de verano. Roberto iba también a la plaza, a pesar de estudiar en un colegio fiscal y de no vivir en chalet sino en el último callejón que quedaba en el barrio. Iba a ver jugar a las muchachas y a ser saludado por algún blanquito que lo había visto crecer en esas calles y sabía que era hijo de la lavandera." (Alienación)



    Diagonal con Schell (El Cooper)
    "Estaban sentados en una banca del parque de Miraflores, en el atardecer veraniego, viendo desfilar los automóviles, pasar los peatones, anidar en los ficus las tórtolas tardías. Apenas a una cuadra el colegio donde habían estudiado juntos hacía tantos años. Y en la esquina un hombre de pelo entrecano, pero de edad indecisa, dando vueltas en redondo, con un grueso paquete de libros bajo el brazo.

    - ¡Pobre Cooper! –dijo Alfredo.Todavía sigue allí. ¿Desde cuándo? Quizás desde la creación del mundo. Yo al menos nunca he pasado por acá sin verlo hablando solo, siempre en ese lugar, con sus libros bajo el brazo. Dicen, no sé si será verdad, que justamente en esa esquina un auto atropelló a su novia y la mató, hace de eso una punta de años. Desde entonces todos los días regresa a ese lugar y habla, habla con su novia." (Conversación en el parque)

    Club Terrazas
    "Martha, en cambio, se hizo rápidamente popular. A los tres o cuatro meses de llegar hablaba el español de corrido, jugaba básquet por el equipo de su colegio, no se perdía una fiesta en el club Terrazas y formaba parte de las colegialas que se paseaban al atardecer por el parque Salazar, seguidas por una banda de mocosos disforzados. Las chicas admiraban su dinamismo, su audacia y su falta de prejuicios, y presentían en ella, la modelo de un nuevo tipo de muchacha, aún no realizado en Lima y que solo aparecería una o dos generaciones más tarde." (Los otros)



    Malecón
    "Llego al malecón desierto al cabo de mi largo paseo, agobiado aún por el aleteo de invisibles presencias y reconozco en el poniente los mismos tonos naranja, rosa, malva que vi en mi infancia y escucho venir del fondo de los barrancos el mismo viejo fragor del mar reventando sobre el canto rodado. Me pregunto por un momento en qué tiempo vivo, si en esta tarde veraniega de mil novecientos ochenta o si cuarenta años atrás, cuando por esa vereda caminaban Martha, Paco, María, Ramiro. Presente y pasado parecen fundirse en mí, al punto que miro a mi alrededor turbado, como si de pronto fuesen a surgir de la sombra la sombra de los otros. Pero es solo una ilusión Los otros ya no están. Los otros se fueron definitivamente de aquí y de la memoria de todos salvo quizás de mi memoria y de las páginas de este relato, donde emprenderán tal vez una nueva vida, pero tan precaria como la primera, pues los libros y lo que ellos contienen, se irán también de aquí, como los otros." (Los otros)
     
     
     Parque Salazar
    "Nuevamente en el patrullero, Alfredo permaneció silencioso. Pensaba en la inclemente iluminación del parque Salazar; especie de vitrina de la belleza vecinal. La negra buscó su mano, pero esta vez Alfredo la estrechó con convicción." (De color modesto)



    Quinta Leuro (Av. 28 de julio)
    "Cuando Memo García se mudó la quinta era nueva, sus muros estaban impecablemente pintados de rosa, las enredaderas eran pequeñas matas que buscaban ávidamente el espacio y las palmeras de la entrada sobrepasaban con las justas la talla de un hombre corpulento. Años más tarde el césped se amarilleó, las palmeras, al crecer, dominaron la avenida con su penacho de hojas polvorientas y manadas de gatos salvajes hicieron su madriguera entre la madreselva, las campanillas y la lluvia de oro. Memo, entonces había ya perdido su abundante cabello oscuro, parte de sus dientes, su andar se hizo más lento y moroso, sus hábitos de solterón más reiterativos y prácticamente rituales. Las paredes del edificio se descascararon y las rejas de madera de las casas exteriores se pudrieron y despintaron. La quinta envejeció junto con Memo, presenció nacimientos, bodas y entierros, y entró en una época de decadencia que, por ello mismo, la había impregnado de cierta majestad." (Tristes querellas de la vieja quinta)

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